QUEJAS POR LA MOLESTA ILUMINACIÓN DEL PUERTO DE FERROL

0
93

Cuando lo importante no es la ciudad

Un millón de euros después… las nuevas farolas del Puerto de Ferrol iluminan las casas, no el puerto

La Autoridad Portuaria de Ferrol-San Cibrao ha invertido más de un millón de euros en la renovación del alumbrado exterior de sus instalaciones con el objetivo de modernizar la infraestructura y mejorar la eficiencia energética. Sobre el papel, una excelente noticia. Sin embargo, tras la puesta en funcionamiento del nuevo sistema, comienzan a surgir las primeras críticas por un problema que nunca debería haberse producido: la orientación de algunas luminarias parece proyectar luz mucho más allá de la zona portuaria, alcanzando viviendas situadas a considerable distancia.

La cuestión no es si el puerto debe estar iluminado. Evidentemente, sí.

La cuestión es otra muy distinta:

¿Por qué una instalación diseñada para iluminar una zona industrial termina iluminando fachadas, ventanas y viviendas ajenas a la actividad portuaria?

La ley protege a los ciudadanos

La legislación española no solo persigue el ahorro energético.

La Ley 34/2007, de calidad del aire y protección de la atmósfera, reconoce expresamente la contaminación lumínica como una forma de contaminación ambiental cuando la luz artificial altera las condiciones naturales de la noche.

Por su parte, el Reglamento de eficiencia energética en instalaciones de alumbrado exterior incorpora criterios específicos para evitar tanto el resplandor luminoso nocturno como la denominada luz intrusa, es decir, aquella iluminación que invade espacios donde no resulta necesaria, especialmente viviendas y zonas residenciales.

En otras palabras: no basta con instalar luminarias LED de bajo consumo; también deben estar correctamente orientadas y reguladas.

El problema no parece ser la potencia

Todo apunta a que el problema podría no residir en la intensidad de la iluminación, sino en el diseño de la instalación.

Cuando un proyector o una luminaria dirige parte de su haz hacia el horizonte en lugar de concentrarlo sobre la superficie de trabajo, la luz termina recorriendo cientos de metros e incluso kilómetros.

El resultado es visible desde numerosos puntos de Ferrol.

Y esa luz ya no presta servicio al puerto.

Simplemente invade el entorno.

Una inversión pública exige una ejecución impecable

Si la renovación del alumbrado ha supuesto una inversión superior al millón de euros, los ciudadanos tienen derecho a preguntar:

  • ¿Se realizó un estudio previo de intrusión lumínica?
  • ¿Se comprobó sobre el terreno la orientación real de cada luminaria una vez instalada?
  • ¿Se efectuaron mediciones nocturnas desde las zonas residenciales afectadas?
  • ¿Existe un plan para corregir aquellas luminarias cuyo haz sobrepasa el recinto portuario?

Estas preguntas no cuestionan la necesidad de iluminar un puerto.

Cuestionan si la obra se ha ejecutado con el rigor técnico que merece una inversión sufragada con fondos públicos.

Un problema que puede solucionarse

La buena noticia es que este tipo de incidencias suele tener solución.

En muchos casos basta con reajustar la inclinación de los proyectores, instalar sistemas de apantallamiento, modificar la distribución fotométrica o reducir el flujo luminoso en determinadas franjas horarias.

Son actuaciones relativamente sencillas y mucho menos costosas que la propia renovación de la instalación.

Rectificar también es gestionar

Nadie espera una obra perfecta desde el primer día.

Lo que sí esperan los ciudadanos es que, cuando una actuación pública genera molestias evitables, la Administración las escuche y actúe con rapidez.

Porque iluminar un puerto no puede significar iluminar las ventanas de quienes viven a cientos de metros de distancia.

La eficiencia energética no se mide únicamente por los kilovatios que se ahorran.

También se mide por la capacidad de dirigir la luz exactamente donde hace falta.

Y, si hoy las nuevas farolas del Puerto de Ferrol están iluminando viviendas que nunca debieron recibir esa luz, la solución no pasa por mirar hacia otro lado, sino por corregir una instalación que todavía está a tiempo de cumplir plenamente con los principios de buena ingeniería, respeto al entorno y servicio a la ciudadanía.