La ciudad de Ferrol continúa sumida en un abandono evidente, fruto de años de promesas incumplidas y de una gestión política que no ha sabido dar respuesta a los verdaderos problemas de la ciudadanía.
Mientras los barrios acumulan deficiencias en servicios básicos, calles sin mantenimiento y una creciente sensación de dejadez, el Ayuntamiento ha optado por cargar sobre los vecinos nuevas subidas de impuestos. Una medida que agrava la situación de las familias, especialmente en un contexto de precariedad laboral y pérdida de oportunidades.
Aunque las estadísticas oficiales hablan de un aumento de la población, lo cierto es que dicho incremento se debe en gran parte a la llegada de inmigrantes. Este fenómeno, lejos de revertir el abandono de la ciudad, ha traído consigo nuevos retos en materia de convivencia y seguridad, que la administración local parece incapaz de gestionar de manera eficaz.
Ferrol necesita urgentemente un proyecto serio, con medidas reales que devuelvan a la ciudad su vitalidad económica y social. Sin embargo, lo que los vecinos perciben es más de lo mismo: parches, discursos vacíos y una presión fiscal cada vez mayor que castiga a quienes todavía resisten viviendo y trabajando en la ciudad.





