Ferrol te quita el aparcamiento y después te multa por no tener dónde aparcar

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Ferrol te quita el aparcamiento y después te multa por no tener dónde aparcar

Hay cosas que terminan por cabrear al ciudadano. Y lo ocurrido hoy en la zona de la calle Breogán es una de ellas.

No voy a cargar toda la responsabilidad sobre el actual Gobierno municipal del Partido Popular, porque sería injusto y, además, poco riguroso. El problema del aparcamiento en Ferrol viene de mucho antes y los sucesivos gobiernos municipales, de diferentes colores políticos, han contribuido a llegar hasta aquí.

Pero precisamente por eso resulta todavía más frustrante comprobar que nadie parece dispuesto a solucionar definitivamente el problema.

Las plazas de estacionamiento han ido desapareciendo de numerosas calles. Se han tomado decisiones de movilidad que reducen el espacio disponible para los vehículos y, al mismo tiempo, las alternativas no han crecido al mismo ritmo.

El resultado es perfectamente visible en zonas como Breogán y sus alrededores: coches circulando una y otra vez buscando un hueco, conductores que terminan estacionando donde pueden y una presión cada vez mayor sobre las pocas plazas que quedan.

Y entonces aparece la pregunta inevitable:

¿Dónde quiere el Ayuntamiento que aparquemos?

Porque el coche no desaparece porque eliminemos plazas.

El vehículo sigue existiendo.

El vecino sigue necesitando ir a trabajar.

El comerciante sigue necesitando recibir clientes.

El residente sigue necesitando llegar a su casa.

Y cuando no hay sitio, los coches dan vueltas buscando dónde aparcar.

Mucho dinero para comprar parcelas y poca solución para el ciudadano

Aquí aparece otro asunto que resulta difícil de entender.

El Concello destinó dinero público a la adquisición de parcelas con la finalidad de disponer de un aparcamiento disuasorio.

Dinero de los ciudadanos.

Una inversión que tenía precisamente que servir para ofrecer una alternativa al estacionamiento y reducir la presión sobre determinadas zonas.

Pero mientras tanto, el ciudadano sigue encontrándose con el mismo problema.

No hay suficientes plazas.

Se eliminan estacionamientos.

Las alternativas no terminan de resolver la situación.

Y cuando alguien, después de dar vueltas buscando un hueco, acaba estacionando donde no debe, llega la sanción.

200 euros.

100 si se acoge al pronto pago.

Y aquí es donde la indignación deja de ser solamente una cuestión de movilidad y pasa a ser una cuestión de sentido común.

Nadie está diciendo que aparcar en la acera esté bien

Conviene dejarlo claro.

Aparcar sobre una acera puede constituir una infracción y la Policía Local tiene la obligación de hacer cumplir las normas.

Pero una cosa es cumplir la normativa y otra muy diferente es aplicarla sin criterio alguno sobre la realidad de la calle.

Porque también existe algo llamado sentido común.

Y, afortunadamente, muchos agentes de la Policía Local lo tienen.

Hay policías que conocen perfectamente la realidad de determinadas zonas, que saben cuándo un vehículo está causando realmente un problema y cuándo un ciudadano simplemente está intentando resolver una situación de absoluta falta de estacionamiento.

El problema aparece cuando encontramos al agente para el que parece que la única prioridad es sacar la libreta y poner la multa.

Y eso es lo que cabrea.

No porque alguien pretenda que la Policía Local deje de hacer su trabajo.

Sino porque el ciudadano tiene derecho a esperar que la aplicación de las normas se haga también con proporcionalidad, criterio y sentido común.

Una cosa es sancionar un vehículo que bloquea un paso, impide el acceso a una vivienda, ocupa un vado, dificulta el paso de peatones o genera un peligro.

Y otra muy distinta es convertir cualquier situación de estacionamiento irregular en una oportunidad para recaudar.

El problema no empezó con el PP

Y aquí conviene ser justos.

Esto no es exclusivamente responsabilidad del Gobierno municipal actual.

Los anteriores gobiernos también eliminaron plazas, modificaron calles, cambiaron criterios de movilidad y fueron reduciendo progresivamente las posibilidades de estacionamiento en determinadas zonas.

Por eso el problema no tiene unas siglas concretas.

Tiene décadas de decisiones municipales acumuladas.

Lo que sí se puede exigir al actual Gobierno del PP es que, puesto que ahora tiene la responsabilidad de gobernar, deje de mirar hacia atrás y empiece a solucionar el problema.

Porque echar la culpa a los anteriores ya no sirve.

Y mantener una situación heredada tampoco es gobernar.

Primero quitas plazas. Después le pasas la factura al ciudadano

Lo que resulta difícil de aceptar es esta secuencia:

Se eliminan plazas → aumenta la dificultad para aparcar → el ciudadano busca alternativas → algunas alternativas son ilegales → llega la Policía Local → llega la multa.

Y después, posiblemente, alguien dirá que el ciudadano incumple las normas.

Sí.

Pero ¿quién está obligado a planificar la movilidad de una ciudad?

¿El ciudadano?

No.

El Ayuntamiento.

El ciudadano tiene que cumplir las normas, pero el Ayuntamiento tiene que diseñar una ciudad en la que cumplirlas sea razonablemente posible.

Y eso significa crear alternativas reales antes de eliminar las existentes.

El aparcamiento disuasorio no puede ser una promesa eterna

Si Ferrol ha gastado dinero público en adquirir terrenos para solucionar el problema del aparcamiento, los ciudadanos tienen derecho a saber qué se ha hecho con esa inversión, qué capacidad real existe, cuándo estará disponible y qué función concreta va a desempeñar.

Porque mientras las administraciones estudian, proyectan, anuncian y prometen, el ciudadano tiene que aparcar hoy.

No dentro de cinco años.

Hoy.

Y cuando no encuentra sitio, no puede dejar el coche en casa por arte de magia.

Ferrol necesita menos talonario y más sentido común

La Policía Local no debería ser presentada como el enemigo.

Al contrario.

Una Policía Local cercana al ciudadano, que conozca los barrios y que aplique las normas con criterio, es fundamental para que una ciudad funcione.

Pero también es perfectamente legítimo criticar aquellas actuaciones que parecen olvidar que detrás de una infracción hay una persona y que no todas las situaciones tienen la misma gravedad.

No todo puede solucionarse con una multa.

Y mucho menos cuando el propio Ayuntamiento ha contribuido a generar la falta de estacionamiento que termina provocando determinadas conductas.

Si queremos una ciudad más ordenada, habrá que ordenar también el aparcamiento.

Si queremos eliminar coches de determinadas calles, habrá que proporcionar alternativas.

Si queremos sancionar, habrá que hacerlo con proporcionalidad.

Y si hemos gastado dinero público en comprar terrenos para aparcamientos, habrá que explicar por qué el ciudadano sigue dando vueltas buscando un hueco.

Porque lo que no parece razonable es que el Ayuntamiento quite plazas, no ofrezca suficientes alternativas y después el ciudadano tenga que pagar 200 euros por intentar aparcar donde puede.

Ferrol no necesita más ciudadanos cabreados.

Necesita una política de movilidad que piense en las personas antes que en las líneas pintadas sobre el asfalto y una Policía Local que, sin dejar de hacer cumplir la norma, no confunda autoridad con afán recaudatorio.

Porque gobernar no consiste en conseguir que todos los ciudadanos aparquen perfectamente.

Gobernar consiste en hacer posible que puedan hacerlo.

Esta versión deja claro que la responsabilidad es acumulada, pero exige al actual Gobierno que dé soluciones, y evita meter a toda la Policía Local en el mismo saco.