Lugo se queda sin la Agencia Estatal de Salud Pública: otra oportunidad que Galicia ve marcharse
Zaragoza gana la sede y deja a Lugo fuera de una de las instituciones sanitarias más importantes del Estado
Galicia volvió a quedarse a las puertas.
La candidatura de Lugo para albergar la futura Agencia Estatal de Salud Pública no ha sido la elegida y el Gobierno ha optado finalmente por Zaragoza como sede del organismo. La noticia supone un duro golpe para Lugo, pero también reabre un debate mucho más amplio: la capacidad de Galicia para atraer instituciones estratégicas del Estado.
La Agencia Estatal de Salud Pública nace con un objetivo evidente: reforzar la prevención, la vigilancia epidemiológica y la coordinación sanitaria tras las lecciones que dejó la pandemia de la COVID-19. No se trata de una oficina cualquiera. Hablamos de un organismo llamado a tener un papel central en la detección de riesgos sanitarios, la gestión de alertas y la elaboración de políticas de salud pública para todo el país.
Lugo llegaba a la carrera con argumentos de peso. La ciudad cuenta con un campus universitario consolidado, experiencia en investigación biomédica y una tradición sanitaria reconocida. Además, la candidatura gallega defendía un elemento especialmente relevante: la descentralización real de las instituciones del Estado y la oportunidad de llevar un organismo de primer nivel a una comunidad históricamente infrarepresentada en este tipo de sedes.
Sin embargo, la balanza se inclinó hacia Zaragoza.
Desde el punto de vista estrictamente administrativo, la decisión puede justificarse por distintos criterios técnicos, logísticos o de conectividad. Pero para muchos gallegos la cuestión va más allá de la letra pequeña del expediente. La sensación que queda es la de una oportunidad perdida.
Y esa sensación no es nueva.
Galicia ha visto pasar en los últimos años distintos procesos de descentralización de organismos públicos sin lograr una presencia proporcional a su peso demográfico, económico y científico. Cuando una comunidad con universidades, hospitales de referencia, centros de investigación y una posición estratégica en el noroeste peninsular vuelve a quedarse fuera, es inevitable preguntarse qué está fallando.
Lugo no competía solo por un edificio o por unos puestos de trabajo. Competía por visibilidad institucional, por capacidad de atracción de talento y por un efecto tractor sobre la investigación y la innovación sanitaria. Una agencia estatal no es únicamente una sede administrativa: genera actividad económica, empleo cualificado, colaboración con universidades y una presencia permanente en la agenda nacional.
Por eso la derrota no se mide únicamente en términos políticos.
Se mide también en expectativas. En la posibilidad de que una ciudad del interior de Galicia se convirtiera en un referente estatal en salud pública. En la oportunidad de fijar profesionales, atraer proyectos y reforzar un ecosistema científico que ya existe y que muchas veces trabaja lejos de los focos.
Y aquí es donde aparece el componente emocional que muchos gallegos reconocen inmediatamente.
En Galicia estamos acostumbrados a pelear candidaturas con buenos argumentos y a escuchar después que la decisión responde a criterios objetivos. Probablemente los tenga. Pero también es legítimo preguntarse por qué, una y otra vez, las grandes instituciones terminan instalándose en otros territorios mientras Galicia sigue esperando su turno.
La elección de Zaragoza no convierte automáticamente en mala la candidatura de Lugo. De hecho, precisamente lo contrario: si Lugo llegó hasta la fase final es porque disponía de una propuesta competitiva y de un respaldo técnico suficiente para ser considerada una opción real.
Ahora la pregunta es otra.
¿Qué hará Galicia con ese capital acumulado?
Porque el trabajo realizado para la candidatura —alianzas universitarias, proyectos de investigación, planes de desarrollo sanitario y capacidad de cooperación institucional— no debería acabar en un cajón. Si algo ha demostrado este proceso es que Lugo tiene condiciones para aspirar a proyectos de primer nivel.
La Agencia Estatal de Salud Pública no vendrá a Galicia. Esa es la realidad.
Pero también lo es otra: Galicia no puede permitirse resignarse a que las grandes decisiones siempre se tomen en otro sitio.
Y eso, más que una cuestión de Lugo, es una cuestión de país.





