Cuando el partidismo importa más que proteger al ciudadano
Las nuevas marquesinas de Ferrol han terminado convirtiéndose en otro enfrentamiento político entre Gobierno y oposición. Ferrol en Común critica con dureza el modelo instalado por el actual Gobierno municipal del PP. Y, al otro lado, una parte de los ciudadanos sale en defensa de las nuevas marquesinas porque, al fin y al cabo, las está colocando el partido al que votaron.
Pero quizá el problema sea precisamente ese.
Porque una marquesina no debería ser de izquierdas ni de derechas. Debería servir para proteger de la lluvia, del viento y del sol a quien está esperando el autobús.
Y si el modelo es malo, es malo independientemente de quién lo coloque.
FeC critica ahora lo que conocía desde hace tiempo
Ferrol en Común ha cuestionado el modelo de las nuevas marquesinas y la gestión realizada por el Gobierno municipal.
La crítica, en principio, es perfectamente legítima. Si las marquesinas ofrecen poca protección, tienen un diseño poco funcional o no responden adecuadamente a las necesidades de los usuarios, la oposición tiene no solo derecho, sino obligación de denunciarlo.
Pero existe una pregunta que FeC debería contestar:
¿Desde cuándo conocía el modelo de marquesina que se iba a instalar en Ferrol?
Porque no se trata de una decisión tomada de un día para otro. La Xunta anunció la instalación de doce nuevas marquesinas y el Ayuntamiento conocía las características de la actuación. La propia información municipal señala que la Xunta proporciona las marquesinas mientras el Concello se encarga de su instalación, de las cimentaciones y del acondicionamiento de los espacios.
Por tanto, resulta difícil presentar ahora el modelo como si hubiese aparecido por sorpresa.
Y existe además una cuestión política que muchos ciudadanos pueden plantearse:
FeC tuvo responsabilidades de gobierno en Ferrol. ¿Por qué durante sus años de gobierno no se solucionó de manera general el problema de las marquesinas?
La respuesta no puede ser simplemente que las actuales son feas o malas.
Porque puede que lo sean.
Pero entonces habrá que explicar también qué alternativa se propone y qué se hizo cuando se tuvo capacidad para actuar.
Y el PP tampoco puede mirar hacia otro lado
Ahora bien, que FeC pueda ser acusado de oportunismo político no convierte automáticamente las marquesinas en una buena solución.
Todo lo contrario.
El PP de Ferrol debería ser el primero en reconocer si el diseño es deficiente.
Y aquí aparece una responsabilidad que quizá se está pasando por alto.
Las marquesinas forman parte de una actuación de la Xunta, gobernada también por el Partido Popular. Pero el Concello de Ferrol es quien debe instalarlas, ejecutar las cimentaciones y preparar los espacios.
Es decir, el Gobierno municipal no es un mero espectador.
Y precisamente porque existe una relación política directa entre el Gobierno municipal y la Xunta, cabe exigirle todavía más.
Si el Ayuntamiento considera que el modelo no es suficientemente bueno para Ferrol, ¿por qué no se plantó ante la Xunta?
¿Por qué no dijo que Ferrol necesita unas marquesinas especialmente adaptadas a su clima?
¿Por qué no pidió más protección lateral?
¿Por qué no planteó modificaciones?
¿Por qué no exigió un diseño más resistente, funcional y adecuado para una ciudad en la que la lluvia y el viento forman parte de la vida cotidiana?
Tener el mismo color político en dos administraciones debería servir para conseguir mejores soluciones para los ciudadanos, no para aceptar sin discusión lo que llega desde la administración superior.
La Xunta dice que los ayuntamientos conocen las necesidades
Y aquí aparece una contradicción especialmente llamativa.
El propio programa de renovación de marquesinas de la Xunta habla de mejorar su calidad funcional, estética y accesibilidad y mantiene la colaboración con los ayuntamientos precisamente porque estos conocen las necesidades reales de los usuarios.
Pues bien: si el Concello de Ferrol conoce esas necesidades, debería haberlas defendido.
Porque Ferrol no tiene el mismo clima que otras zonas de Galicia.
Aquí una marquesina que apenas protege lateralmente puede ser mucho menos útil que en otros lugares.
Y una marquesina puede resultar muy bonita sobre el papel y convertirse en una mala infraestructura cuando sopla viento y llueve horizontalmente.
El diseño urbano no se puede valorar únicamente desde un catálogo. Hay que probarlo en la calle.
El problema de defender las cosas por ser «de los nuestros»
Y aquí aparece el fenómeno político más curioso de toda esta polémica.
Hay ciudadanos que consideran que las nuevas marquesinas son malas, feas o insuficientes.
Pero también hay ciudadanos que las defienden fundamentalmente porque las ha colocado el PP.
Y ocurre exactamente lo contrario con sus adversarios políticos.
Si la instala el PP, unos la defienden.
Si la instala el PP, otros la atacan.
Y mientras tanto, la marquesina sigue siendo la misma.
Esto demuestra hasta qué punto el partidismo puede haber contaminado el debate municipal.
Porque una mala marquesina no se convierte en buena porque la instale el partido al que votamos.
Y una buena actuación tampoco debería convertirse en mala porque la haya ejecutado el partido contrario.
La paradoja de Ferrol en Común
FeC puede tener razón al criticar el diseño.
Pero si sabía desde hace tiempo cuál era el modelo, la pregunta es por qué no puso el mismo empeño en combatirlo antes de que llegara a las calles.
Y todavía existe otra cuestión incómoda.
Si FeC considera que estas marquesinas son una mala solución, ¿qué modelo propone?
Porque criticar es sencillo.
Lo complicado es conseguir que la Xunta financie una alternativa, convencer al Ayuntamiento, encontrar las ubicaciones, cumplir las condiciones de accesibilidad, ejecutar las obras y mantenerlas posteriormente.
La oposición debería hacer todo eso: fiscalizar, denunciar lo que esté mal y proponer una alternativa.
Pero también debería tener memoria sobre lo que ocurrió cuando tuvo responsabilidades de gobierno.
El PP debería exigir algo mejor
Y el Gobierno municipal tiene una responsabilidad diferente.
No debería utilizar el argumento de que las marquesinas vienen de la Xunta como una especie de salvoconducto político.
Si son buenas, que explique por qué.
Si son mejorables, que lo reconozca.
Y si son malas, que utilice precisamente su relación con la Xunta para conseguir un modelo mejor.
Porque el hecho de que la Xunta aporte las marquesinas no significa que el Ayuntamiento tenga que aceptar cualquier diseño.
Más aún cuando el propio Gobierno local ha anunciado que pretende adquirir más unidades del mismo modelo.
Si el modelo tiene problemas, todavía estamos a tiempo de corregirlos antes de multiplicarlos por toda la ciudad.
Al final, el ciudadano sigue siendo el que espera
Esta discusión debería terminar en un lugar mucho más sencillo.
En la marquesina.
En la persona que llega con una bolsa de la compra.
En el mayor que espera sentado.
En quien va a trabajar.
En quien lleva a un niño.
En quien espera diez, quince o veinte minutos bajo la lluvia.
A esa persona le da exactamente igual si la marquesina la financia la Xunta, la instala el Concello, la diseñó una empresa contratada por una administración u otra.
Quiere que funcione.
Quiere que no le entre el agua por los laterales.
Quiere estar protegido del viento.
Quiere sentarse cómodamente.
Quiere poder consultar el horario.
Y quiere que aquello dure años sin convertirse en otro elemento deteriorado del mobiliario urbano.
Por eso resulta bastante absurdo que las marquesinas se hayan convertido en otra guerra entre partidos.
FeC no debería criticar una infraestructura simplemente porque la instala el PP.
Los votantes del PP tampoco deberían defenderla simplemente porque la instala el PP.
Y el PP de Ferrol, por su parte, debería demostrar que su relación con la Xunta sirve para algo más que para recibir y colocar lo que llega de Santiago.
Porque si las marquesinas son malas, la responsabilidad política no desaparece porque sean de la Xunta.
Y si son buenas, que lo demuestren con argumentos.
Al final, hay una pregunta mucho más importante que quién puede apuntarse el mérito:
¿Son realmente las marquesinas que necesita Ferrol?
Si la respuesta es no, Ferrol merece algo mejor, independientemente de quién gobierne.





