La fotografía que circula estos días en Facebook permite comprobar ya cómo está quedando el nuevo emplazamiento de la conocida fuente de la esfera de la plaza de Galicia. Y la imagen plantea una pregunta que el Ayuntamiento debería responder antes de ponerla nuevamente en funcionamiento: ¿se ha pensado realmente en cómo se comportará esta fuente cuando vuelva a tener agua y sople el viento?
La fuente de la esfera, una de las imágenes características de la plaza de Galicia, ha sido retirada de su ubicación original con motivo de las obras de transformación del entorno. El Ayuntamiento ha anunciado que no desaparecerá, sino que será trasladada dentro de la propia plaza y recuperará su funcionamiento.
Recuperar una pieza de la ciudad que llevaba años sin funcionar puede parecer, en principio, una buena noticia.
El problema no es recuperar la fuente. El problema es dónde se está colocando.
La fotografía deja pocas dudas sobre el cambio
La imagen que se ha difundido en redes sociales muestra la fuente ya instalada en su nueva ubicación, aunque las obras todavía están en curso y la estructura aparece rodeada de elementos provisionales.
Y hay una diferencia fundamental respecto a su emplazamiento anterior.
La fuente estaba situada en una mediana, separada del espacio habitual de los peatones. Cuando funcionaba, el viento podía desplazar el agua y provocar salpicaduras, pero la propia configuración de la plaza hacía que el problema quedara relativamente concentrado alrededor de la fuente.
Ahora la situación es distinta.
La mediana desaparece como consecuencia de la reforma y la fuente se incorpora al nuevo espacio peatonal.
Ya no existe la misma separación entre la fuente y las personas que utilizan la plaza.
Y eso obliga a plantearse qué ocurrirá cuando vuelva a funcionar.
El viento no entiende de proyectos urbanísticos
Ferrol tiene una característica que cualquier proyecto urbano debería tener en cuenta: llueve y hace viento.
Y la fuente ya tiene un historial conocido.
Cuando estaba en funcionamiento, las ráfagas podían desplazar parte del agua fuera de la zona inmediata del surtidor. No hace falta convertir eso en una catástrofe para reconocer que es un factor que debe considerarse en su nuevo emplazamiento.
Porque ahora el agua tendrá mucho más cerca a los peatones.
Una persona caminando junto a la fuente podría encontrarse con salpicaduras que antes quedaban en buena medida alejadas de las zonas habituales de paso.
Y cuanto más fuerte sea el viento, mayor puede ser el alcance del agua.
No sabemos todavía hasta dónde llegará.
Y precisamente ese es el problema: antes de ponerla nuevamente en funcionamiento debería saberse.
¿Se ha probado la fuente en su nueva ubicación?
Esta es probablemente la pregunta más sencilla que puede hacerse al Ayuntamiento.
¿Se ha probado el funcionamiento de la fuente en su nuevo emplazamiento y bajo diferentes condiciones de viento?
Porque no basta con comprobar que el agua sale.
Hay que comprobar hacia dónde va.
Una prueba adecuada debería permitir determinar:
- qué superficie alcanza el agua;
- cómo se comporta con viento lateral;
- qué ocurre con ráfagas fuertes;
- si el agua llega a las zonas de paso;
- cómo queda el pavimento cuando se moja;
- y si existe riesgo de que se genere una superficie resbaladiza.
No estamos hablando de una cuestión estética.
Estamos hablando de diseño y seguridad del espacio público.
Una fuente no es solamente una escultura
La pieza tiene valor artístico y forma parte de la identidad de la plaza.
Precisamente por eso merece ser tratada con cuidado.
Pero una fuente que vuelve a funcionar deja de ser exclusivamente un elemento ornamental.
Tiene agua.
Tiene instalaciones hidráulicas.
Tiene salpicaduras.
Tiene mantenimiento.
Y necesita una zona de seguridad adecuada.
Por eso trasladarla no consiste simplemente en moverla físicamente desde una mediana hasta otro punto de la plaza.
Hay que adaptar el entorno a la fuente.
Y ahí es donde la fotografía invita a hacerse preguntas.
La nueva ubicación está mucho más integrada en el espacio que utilizarán los peatones. Cuando desaparezcan las vallas y termine la obra, habrá que comprobar cuál será exactamente la distancia entre la fuente y las zonas de paso.
Porque una cosa es contemplarla.
Y otra muy diferente es tener que esquivar el agua cada vez que sople el viento.
La paradoja de una plaza pensada para el peatón
La reforma de la plaza de Galicia pretende precisamente transformar el espacio y darle mayor protagonismo al peatón.
La eliminación de la antigua mediana permite ganar superficie peatonal y modificar completamente la configuración de la plaza.
Por eso existe una cierta paradoja.
Se elimina una separación que alejaba la fuente de los peatones y se coloca la fuente dentro del nuevo espacio peatonal.
Si el resultado funciona perfectamente, no habrá ningún problema.
Pero si el agua termina alcanzando las zonas de paso cuando sople el viento, habrá que preguntarse si la decisión de ubicación fue la adecuada.
Y eso debería comprobarse antes, no después.
La fotografía también muestra otra cosa
La imagen difundida en Facebook permite observar que la fuente está todavía en un entorno de obra, con vallas, cables, materiales y elementos provisionales.
Por tanto, sería injusto juzgar ahora el acabado definitivo de la plaza.
Pero sí permite juzgar una cosa:
la posición que se ha elegido para la fuente.
Y esa posición ya no es una hipótesis.
La fuente está allí.
Por eso el Ayuntamiento debería explicar cuál ha sido el criterio utilizado para escoger exactamente ese lugar.
¿Se eligió por razones históricas?
¿Por razones estéticas?
¿Porque era el punto previsto en el proyecto?
¿Porque hidráulicamente era el lugar más sencillo?
¿Se tuvo en cuenta el viento?
¿Se realizó un estudio de las salpicaduras?
Son preguntas perfectamente razonables.
Recuperar patrimonio sí, pero con cabeza
Nadie debería estar en contra de recuperar una pieza característica de Ferrol.
Al contrario.
Si una fuente histórica llevaba años sin funcionar, devolverle el agua puede ser una buena decisión.
Pero recuperar patrimonio no significa necesariamente devolverlo al espacio de cualquier manera.
Una pieza puede conservarse y funcionar perfectamente y, al mismo tiempo, estar mal ubicada.
Y ese es precisamente el riesgo que hay que evitar.
Porque si dentro de unos meses descubrimos que la fuente moja a los peatones cada vez que entra viento de determinada dirección, la solución será probablemente complicada y costosa.
Habrá que modificar el sistema de agua, instalar algún elemento de protección, cambiar la orientación o incluso volver a intervenir sobre el espacio.
Todo por no haber comprobado antes algo tan sencillo como hacia dónde salen las gotas cuando sopla el viento.
Ferrol no necesita otra obra para corregir una obra
Esta ciudad ya conoce demasiado bien ese problema.
Se proyectan actuaciones, se ejecutan, se inauguran y, posteriormente, aparecen problemas que podrían haberse detectado durante la fase de diseño.
Con la fuente todavía en obras existe una oportunidad.
Probarla antes de dar por terminado el espacio.
Ponerla en funcionamiento.
Esperar a que haya viento.
Observar.
Medir.
Y si el agua alcanza donde no debe, corregirlo.
Eso sería mucho más sensato que esperar a que sean los ciudadanos quienes descubran el problema.
La pregunta queda sobre la mesa
La fotografía publicada en redes sociales muestra una fuente que vuelve a ocupar un lugar destacado en la plaza de Galicia.
Puede convertirse en uno de los elementos más atractivos de la nueva plaza.
O puede convertirse en una fuente que los peatones tengan que aprender a esquivar.
La diferencia no está en la fuente.
Está en cómo se ha diseñado su relación con el espacio que la rodea.
Por eso, antes de ponerla definitivamente en funcionamiento, el Ayuntamiento debería responder a una pregunta muy sencilla:
¿Han comprobado qué ocurre con el agua cuando esta fuente funciona y sopla el viento en su nueva ubicación?
Porque recuperar una fuente es una buena noticia.
Recuperarla para después descubrir que moja a los peatones sería simplemente otra muestra de que en Ferrol seguimos haciendo las obras primero y pensando en sus consecuencias después.





