Las farolas del puerto vuelven a ser protagonistas: ahora también estropean el espectáculo de drones y los fuegos artificiales

RedacciónLas farolas del puerto vuelven a ser protagonistas: ahora también estropean el espectáculo de drones y los fuegos artificiales

Después de las quejas vecinales, llega la prueba más evidente: una iluminación que compite con el cielo de Ferrol

Hay cosas que cuesta entender. Y lo que está ocurriendo esta noche en Ferrol es una de ellas.

Mientras cientos de personas miran hacia el cielo para disfrutar del espectáculo de drones y, posteriormente, de los fuegos artificiales, las nuevas farolas del puerto permanecen encendidas con una intensidad y una orientación que vuelven a poner sobre la mesa el problema que Ferrol Noticias ya denunció hace semanas: una iluminación que no parece limitarse a iluminar el recinto portuario, sino que proyecta su luz hacia el exterior.

Esta noche la consecuencia resulta todavía más absurda.

Se organiza un espectáculo de luz en el cielo y, al mismo tiempo, se mantiene encendida una instalación que genera una contaminación lumínica capaz de competir visualmente con el propio espectáculo.

¿De verdad nadie lo había previsto?

No hablamos solamente de los vecinos

Cuando publicamos el pasado 16 de julio las quejas por la iluminación del Puerto de Ferrol, la cuestión parecía centrarse en la luz que alcanzaba viviendas y fachadas situadas a considerable distancia.

La pregunta entonces era sencilla: ¿por qué una instalación destinada a iluminar una zona portuaria termina enviando luz hacia lugares donde no hace ninguna falta?

La respuesta sigue sin llegar.

Pero esta noche el problema adquiere una dimensión mucho más difícil de justificar.

La iluminación del puerto está interfiriendo con la contemplación de los espectáculos programados.

No estamos hablando de una opinión sobre si una farola resulta más o menos bonita. Estamos hablando de que, precisamente durante un espectáculo nocturno basado en la oscuridad del cielo, se mantiene encendida una iluminación que debería poder regularse, orientarse o, cuando las circunstancias lo aconsejen, apagarse parcialmente.

¿A quién se le ocurrió mantenerlas así?

Esta es la pregunta que alguien debería responder.

Porque no parece razonable gastar dinero público en organizar un espectáculo de drones y fuegos artificiales para después permitir que otra instalación pública se convierta en una fuente de luz que perjudica precisamente aquello que se pretende ofrecer a los ciudadanos.

El espectáculo de drones estaba anunciado para desarrollarse sobre el Puerto de Ferrol y posteriormente llegarían los fuegos artificiales.

Es decir, el escenario estaba perfectamente definido y el carácter nocturno del espectáculo era evidente.

¿Nadie pensó en la iluminación existente?

¿Nadie comprobó cómo se veía el cielo desde los puntos donde se concentraría el público?

¿Nadie planteó reducir la iluminación portuaria durante unos minutos?

¿Nadie consideró que una inversión de más de un millón de euros en nuevas luminarias debía contemplar también situaciones extraordinarias como esta?

La contradicción es casi surrealista

Por un lado, Ferrol apuesta por un espectáculo de drones, tecnología que necesita un cielo oscuro para que las figuras puedan apreciarse correctamente.

Después llegan los fuegos artificiales, cuyo impacto visual también depende de que el entorno no esté innecesariamente iluminado.

Y, mientras tanto, las farolas del puerto siguen haciendo su trabajo como si nada estuviera ocurriendo.

Iluminan.

Iluminan las instalaciones.

Iluminan el entorno.

Y, por lo visto, también iluminan aquello que precisamente no debería estar iluminado.

Porque una cosa es garantizar la seguridad de una instalación portuaria y otra muy diferente es mantener una iluminación exterior que invade el entorno cuando existe un acontecimiento que exige unas condiciones especiales de oscuridad.

Lo denunciamos antes de que llegara esta situación

El problema no es nuevo.

En julio ya advertíamos de que la orientación de determinadas luminarias estaba provocando que la luz saliera del ámbito portuario y alcanzara viviendas y fachadas.

La propia denuncia señalaba que la solución podía ser relativamente sencilla: reajustar la inclinación, instalar apantallamientos, modificar la distribución fotométrica o reducir el flujo luminoso en determinadas franjas horarias.

Por tanto, no estamos ante un problema técnicamente imposible de solucionar.

Estamos ante un problema que, aparentemente, nadie ha querido solucionar todavía.

Y esta noche tenemos una demostración perfecta de por qué era necesario hacerlo.

Un espectáculo de luz que termina luchando contra otra luz

La imagen resulta difícil de defender.

Ferrol mira al cielo.

Los drones dibujan sus figuras.

Llegan los fuegos artificiales.

Y abajo, las farolas del puerto continúan proyectando su luz hacia el entorno.

Dos espectáculos diseñados para destacar en la oscuridad obligados a competir contra una iluminación que no forma parte de ellos.

Esto ya no es únicamente una cuestión estética.

Es una cuestión de planificación.

De sentido común.

Y, sobre todo, de respeto hacia quienes han acudido a disfrutar del espectáculo.

¿Tan difícil era apagar unas luces durante unos minutos?

Nadie está reclamando que el Puerto de Ferrol permanezca a oscuras.

Nadie cuestiona que una instalación portuaria necesite iluminación y medidas de seguridad.

Lo que resulta difícil de comprender es que no exista capacidad de adaptación.

Si durante una noche concreta se programa un espectáculo de drones y posteriormente una sesión de fuegos artificiales, ¿por qué no se estudia la posibilidad de reducir o apagar temporalmente las luminarias cuya luz interfiere con la visión del espectáculo?

Es una pregunta perfectamente legítima.

Y alguien debería contestarla.

Porque cuando una Administración invierte más de un millón de euros en renovar una instalación de iluminación, los ciudadanos tienen derecho a esperar algo más que luminarias encendidas.

Esperan que estén correctamente diseñadas.

Correctamente orientadas.

Correctamente reguladas.

Y, sobre todo, que se utilicen con sentido común.

El puerto no puede convertirse en el foco de luz de toda la ciudad

Lo que estamos viendo esta noche vuelve a demostrar que las quejas anteriores no eran una exageración.

La iluminación que molestaba a vecinos ahora también compite con los propios espectáculos organizados para la ciudad.

Y eso debería hacer saltar todas las alarmas.

Porque si una farola está diseñada para iluminar una zona concreta, pero su luz termina afectando a viviendas, al entorno urbano y hasta a la contemplación de un espectáculo nocturno, quizá el problema no esté en quienes se quejan.

Quizá el problema esté en cómo se ha diseñado, instalado y gestionado esa iluminación.

Esta noche Ferrol debería estar mirando al cielo.

Y muchos vecinos lo están haciendo.

Pero entre los drones y los fuegos artificiales vuelve a aparecer la misma pregunta que ya formulamos en julio:

¿Quién decidió que era necesario iluminar tanto y tan lejos?

Y, sobre todo:

¿Quién va a decidir ahora que ya es hora de corregirlo?

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